Crítica a la lectura de "El
manifiesto de las clases medias", de Enrique de Diego
Por Mikel Larrea Lecumberri
(Nota: la respuesta de Don Enrique a esta crítica está insertada en la
Sección Artículos)
Querido Don Enrique, es Vd. un provocador. Es más, es Vd. un liberal.
No creo que se lo perdonen, porque ese pecado debe de estar entre el top
ten de las listas de incorrecciones políticas en nuestra sociedad.
Los conservadores de hoy, los que no quieren cambiar las cosas, están a la
derecha en el espectro político, pero sobre todo, en la izquierda. Cuanto
más a la izquierda, menos se quieren cambiar las cosas, más se pretende
mantener privilegios injustificados, más se quiere perseverar en el error que
ha llevado a sociedades enteras al fracaso y a la ignominia.
Por eso, los progresistas de hoy, los que quieren cambiar las cosas, son
los liberales. Y eso significa que va Vd. contra el poder, que no va a dudar
en utilizar todas las armas a su alcance para intentar frenarle. Ahora con
prebendas, luego con amenazas, en medio con halagos, pero siempre con el
objetivo de silenciarlo. Lo hemos visto tantas veces, que podremos llegar a
sucumbir, pero nunca a decir que nos sorprendieron.
Podré estar de acuerdo o no, en el fondo y en la forma, pero ha pasado Vd.
a engrosar mi lista de lecturas rompedoras, que últimamente abundan de modo
sospechoso entre mis pasatiempos.
Jean Sévillia (Históricamente incorrecto), G.K. Chesterton (cualquiera de
sus libros, pero especialmente Ortodoxia, El hombre eterno, o su
Autobiografía), son iconoclastas que hace bien poco engrosaron mi acervo, que
me recuerdan a su trabajo, y me hicieron pasar un rato muy agradable. No
siempre asiento al leer sus líneas, pero he de reconocer que me provoca, que
me estimula, y que me divierte.
Sólo por la maligna sonrisa que me provoca la lectura de su capítulo
dedicado a los políticos profesionales, en donde los relaciona con los
funcionarios, y los nombra su departamento comercial para justificar la
recaudación abusiva que hacen de nuestros impuestos, el rato merece la pena.
No tengo dudas de que los avances de la humanidad vienen de la cultura del
esfuerzo, del trabajo denodado y tan denostado, por la natural tendencia a la
laxitud de la mayoría de nuestros congéneres, de modo que un elogio de estas
virtudes no puede sino agradarme.
Eso sí, hay veces que eleva a categoría cosas que no lo son, y para
muestra, un botón: le recuerdo el nacimiento del cristianismo, y sus
beneficiosos efectos en la renovación del ser humano, producto de las más
bajas clases del antiguo Imperio romano.
También me gustaría recodarle movimientos iniciados por las clases medias
que acabaron en desastres absolutos, como la Revolución Francesa, iniciada
por la burguesía, y que tuvo episodios horrorosos bajo los jacobinos más
extremos.
Del mismo modo, tampoco me gustaría olvidarme de mi experiencia como
Concejal en mi pueblo, en donde adquirí la experiencia de que en política,
como en botica, hay de todo, si bien es cierto que comparto su afirmación de
que el sistema invita a la corrupción, la autojustificación y la
supervivencia en el puesto de por vida.
En todo caso, soy un optimista incorregible, y la altura moral de las
personas está para luchar contra esto. Por eso es importante la instauración
de listas abiertas, que será la manera menos mala de que, aún dejando paso a
demagogos, los votantes puedan calificar el comportamiento personal de sus
representantes.
Sin embargo, y más allá del gusto por meter una paja en el ojo ajeno,
creo que su libro merece la pena. Tiene gran razón al hablar de la envidia
como el peor de nuestros males, y el caldo de cultivo por el que los mediocres
construyen eslóganes autodestructivos, como los muy en boga del movimiento
anti-globalización, que no es más que un intento desesperado de volver al
proteccionismo miope.
En general, existe una dicotomía en la orientación política entre la
protección de la libertad, y la preocupación de la justicia. No estoy de
acuerdo, desde el punto de vista filosófico, en demonizar a los que están
más preocupados por la justicia, la izquierda, pero sí que es cierto que su
padre putativo, Marx, les influyó de tal manera, que sus planteamientos en el
siglo XX han sido poco agraciados y han tenido efectos que en más de una
ocasión han sido catastróficos.
Sin embargo, hay esperanza: la caída del muro de Berlín trajo consigo el
desmoronamiento intelectual de la izquierda de naftalina, de los herederos de
Marx, de los "artistas" subvencionados, de los hijos de Sartre, por
mucho que los Almodóvar o Regás de turno, todavía no se hayan dado cuenta.
Ese desmoronamiento ha comenzado ya a traer un viento de aire fresco entre
los más preocupados por la justicia, entre la izquierda, y sus planteamientos
han llegado a Premio Nobel de Economía: Amartya Sen, en 1.998. ¿Saben la
base de su planteamiento?: el desarrollo, la justicia, no vienen por la mejora
de las variables macroeconómicas (PIB, Producción industrial, etc), sino por
garantizar las LIBERTADES, las RESPONSABILIDADES y los DERECHOS básicos de
los individuos componentes de una sociedad. No suena muy diferente del
"Manifiesto de las clases medias".
El día que la izquierda se ponga a defender los valores realmente
progresistas, como por ejemplo la libertad de conciencia (¿se puede ser, hoy
en España, católico y de derechas?) o la libertad de prensa (Prisa), la
garantía de acceso a una educación de calidad (que no igual para todos,
porque somos distintos, ni nacionalizada), la construcción de un sector
público dedicado a servir, y no a servirse de los privilegios de clase
funcionarial (trabajar poco, garantía de por vida de puesto de trabajo, aún
a costa de retribuciones miserables), valores tan denostados en nuestra
España de hoy, seguramente vamos a coincidir.
Y los conservadores... qué le voy a decir de los conservadores.
Lamentablemente, estoy de acuerdo en que no se plantean la posibilidad real de
un cambio de sistema. Están llenos de complejos, producto de que todavía
hoy, las clases dirigentes de nuestro país han conocido a Franco, y creen
tener el deber de disculparse por ello.
En mi opinión, es sólo una cuestión de tiempo, para que los nacidos en
los 70 comiencen a ostentar el liderazgo social, con lo que se acabará para
siempre esta solemne estulticia que significa el tener que ir por la vida
pidiendo perdón por algo que nunca has hecho, nunca has pensado, ni nunca has
considerado como posibilidad.
Los nacidos en los 70 podemos decir sin ambagages que nos gusta la
libertad, que nos gusta España, que no nos gusta la estatalización de la
educación que todos los gobiernos, Franco, Carod y Arzallus incluidos, han
considerado clave, que admiramos América por lo que significa de progreso
social y de las libertades, y que la URSS, y los sistemas socialdemócratas
europeos del siglo XX fueron un fracaso.
Podemos leer sin problemas a un referente de la izquierda como Gustavo
Bueno, y concluir que es razonable pensar que Zapatero es un desastre
intelectual, y que el adormecimiento al que está llevando a nuestro país
sólo puede desembocar en desastre.
Los jóvenes, miramos a Sarkozy, aprendemos de él, y esperamos la
aparición de un líder que nos emocione y nos convenza. Y muy probablemente,
lo que ese líder tenga que ofrecer de nuevo, igual que "Sarko",
tendrá que ver con las ideas que se vierten en su libro.
Eso sí, yo añadiría un punto que me parece esencial: el de la
regeneración moral y la necesidad de una inmersión masiva en valores. Sin
valores, su planteamiento sería sólo cambiar unos collares por otros, y la
base del problema, al no ser atacada, se mantendría incólume.
La libertad como eje de nuestra vida, con lo que implica de responsabilidad
en nuestras acciones. ¡Qué bonito!, pero , ¿Por qué ha asustado, y asusta
tanto, a nuestros congéneres?
Los padres fundadores de los Estados Unidos partían de estos principios, y
el resultado, con todas sus imperfecciones, son los USA. Y los estados
juntitos, como afirmaban mis admirados Mortadelo y Filemón, probablemente son
el país del mundo que mejor asegura la iniciativa, la propiedad privada, y la
libertad individual.
Con esto trato de rebatir la idea del capítulo segundo, que dedica al
intento de exterminio, que es que no han existido pensadores de las clases
medias. Lo que ocurre en mi opinión, es que como Vd. afirma, siempre hemos
sido ingenuos, al suponer que las obras realizadas hablarían por las clases
medias. No ha sido así.
Yo creo que lo que nos han faltado no han sido pensadores, sino líderes
que comuniquen esos pensamientos a la mayoría, que los simplifiquen para su
comunicación, y que hagan ver las evidentes ventajas al común de nuestros
conciudadanos. Y éste es el caso, especialmente, en España.
No pretende Vd. ser un ese líder, pero si puede provocar que otros sigan
su estela. Ni siquiera un filósofo, pero recoge las ideas de Hayek, de Popper
y de Toqueville. Tampoco es un político, ¡cómo echamos de menos figuras de
altura, un Adenauer, un Reagan, un Mitterrand, un Blair, una Thatcher!
Es Vd. un periodista, que trata hacer una oda a la libertad.
Y necesitamos muchos cantos a la libertad, desde todos los ángulos, desde
todas las visiones y horizontes. Y a una libertad que lleve junto a ella la
responsabilidad que implica, que la distinga del libertinaje zafio que no
entiende su significado, y que impera en el reinado de la mediocridad de
nuestro mundo actual.
La mediocridad ya no se esconde: sale del armario orgullosa, y nos coloca a
su máximo exponente al frente, José Luis Rodríguez Zapatero. ¿cómo sino
entender la llegada de este hombre a la Presidencia de Gobierno de España?.
Hemos hecho muchas cosas mal para llegar a este punto, y debemos comenzar a
reconstruir las bases, que son los valores. No todo da igual, no todo se puede
supeditar al poder, como bien afirma Vd.. La libertad no se negocia, y el
esfuerzo para buscar el éxito es algo loable. Asumir responsabilidades es
necesario y bueno, y suspender a los niños, algo altamente educativo.
Por eso estamos juntos luchando por lo que entendemos por España. Hoy, en
nuestro país, se lucha por la libertad, ante ataques más o menos educados
por parte de este Gobierno y sus adláteres mediáticos, o directos por parte
de los nazis del movimiento ETA-KAS-ANV (o como quiera que hoy se
auto-denominen).
Es triste tener que aclarar esto, pero luchar por España no es luchar por
unas fronteras. Yo chapurreo siete idiomas, y tengo unos cuantos millones de
kilómetros en el cuerpo, de modo que entiendo que el río Bidasoa, río
navarro, que sirve de frontera con Francia, es igual que todos los demás
ríos, y que los muertos al intentar cruzarlo a lo largo de la historia, van
al debe de los malos políticos, y los miedos a la libertad.
Ese río sigue llevando agua, igual hoy que mañana, por mucho que los
proteccionistas de nuevo cuño, los anti-globalización o los neo-ecologistas,
se empeñen en volver a instaurar las barreras de las aduanas y el policía
malhumorado que las acompañaba.
El concepto de España que defendemos es el concepto de patria como fuente
de nuestra libertad, como garante de nuestros derechos y del futuro de
nuestros hijos. Por eso no nos vamos a rendir, por eso luchamos y vamos a
seguir luchando, por eso en nuestro concepto de España caben vascos y
catalanes, gallegos y andaluces, inmigrantes, blancos, negros y mestizos, por
eso España, y no el edén de Zapatero y sus compinches de ETA, es el futuro.
¿ Por qué tantos están dispuestos a renunciar a su libertad en aras a
ventajas efímeras, a descansar con la exigencia de turno de los nazis? ¿no
se dan cuenta de que cediendo sólo les hacen más fuertes, y les hacen pasar
a la siguiente exigencia?
Winston Churchill, a la vuelta de Chamberlain de Munich, justificando por
qué fue el único parlamentario británico que no se levantó a aplaudir
cuando el Primer ministro llegó a informar al Parlamento Británico, lo
explicó en una frase que todavía tiene plena validez hoy: " Teníais
que elegir entre indignidad y guerra. Elegisteis indignidad, y ahora tendréis
la guerra".
Esto sólo ocurre porque ETA ya ha triunfado. Y a nosotros nos toca volver
a construir las condiciones de una nueva confrontación, en la que tengamos
posibilidades de ganar.
ETA es un movimiento publicitario, un ejército incapaz de batirse con el
Ejército Español en las llanuras aragonesas, y que por tanto busca
relevancia, busca atacar la psiquis del pueblo español, hasta ganar una
relevancia que no tiene.
Es muy duro decirlo, y lo afirma un directamente afectado, pero se muere
mucha más gente por cirrosis al año que los que ETA pueda nunca llegar a
asesinar. Y sin embargo, las encuestas entre los españoles dan a ETA en los
primeros lugares en cuanto a preocupaciones nacionales.
ETA ha ganado. Porque el sistema periodístico, al que todos estamos
enganchados, busca la noticia, el morbo, la sensación, y eso son los muertos,
los heridos, los extorsionados, los chantajeados, los que llevan escolta,
los... Son los mismos periodistas pesebreros que justifican como blanco lo que
es negro, y como negro lo que es blanco. Son la tercera pata del control de la
sociedad, que tan bien Vd. dibuja.
Si Vd. mira las manifestaciones de ANV, son muy pocos, pero están todos
los días en la prensa. Lo tienen más que estudiado, porque son nazis, porque
atacan aquello que Vd. trata de defender en su libro: la libertad.
Y esa es la razón por la que nos tiene a su vera: porque somos luchadores,
porque somos de los pocos que cuando nos amenazan, damos un paso al frente. Y
lo hacemos en Navarra y en el País Vasco, donde duele, no, aunque también ha
de hacerse, de otra manera, y dicho con todo respeto, en la Castellana, porque
la defensa de España, y de su sinónimo para nosotros, que es la libertad,
está en la primera línea.
Es el momento de compromiso con la libertad, no de palabras vacías, como
las que utiliza de modo tan manido nuestro ínclito Presidente del Gobierno.
Hemos de destacarnos por los hechos, por los actos de valentía de ir todos
los días a trabajar, a defender la libertad, a luchar por el futuro de
nuestros hijos en libertad.
Como decía un día en su programa, la libertad es la lucha de unos pocos,
para disfrute de muchos. Nuestra lucha de hoy, la van a disfrutar todos los
españoles del futuro, incluso los necios y los asesinos de hoy.
Y esta libertad deberá de estar basada en la educación. Y no cualquier
educación, sino una educación en valores, que elimine los complejos que los
depredadores han instalado en todos nosotros cuando se hacen con una parte
demasiado grande de lo que nos pagan por el fruto de nuestro trabajo.
Una educación que sea capaz de diagnosticar que los
"liberadores" de conciencias pueden tener razón en la diagnosis de
los problemas, porque el mundo está lleno de situaciones injustas, pero desde
luego son tremendamente peligrosos con sus recetas para solucionarlo.
La famosa teoría del banano, por el que la multinacional explotadora paga
un precio en origen, y saca un beneficio por venderlo en los países
desarrollados, cuando acaba por triunfar, tiene como consecuencia que al
productor de banano no le pagan nada, simplemente porque el intervencionismo
acaba por hacer el producto no interesante para los mercados de recepción, y
los consumidores lo sustituyen por otra cosa.
Todos estos apóstoles de la injusticia del mercado, tendrían que
explicarnos las cuotas de la PAC mientras la gente se muere de hambre en los
países productores de materias primas, o razonarnos por qué se vende el
café al precio que se vende en España, siendo el mayor componente de la
cantidad que religiosamente pagamos, impuestos.
Una educación en condiciones, que tiene que partir de una concepción del
hombre no como medio, como lo consideran los ingenieros sociales que tratan de
dirigirnos porque somos tontos y no sabemos lo que queremos, sino como fin,
como lo hace la doctrina tradicional de la Iglesia.
Sólo con valores, e inculcando un justificado orgullo en ellos, las clases
medias podrán disponer del arsenal ideológico que necesitan para su
supervivencia. Y lo que es más, su supervivencia significará la de la
sociedad en general, que de otro modo se instalará en el más absoluto de los
caos. Sólo tienen que observar en qué consiste un país subdesarrollado: es
un país sin clases medias, y sin seguridad jurídica.
Por eso no podemos perder. Por eso, "El manifiesto de las clases
medias" de Enrique de Diego, es un pequeño panfleto que deben leer.
Aunque sólo sea para hacerles perder un rato en el que piensen sobre su
situación y la de sus congéneres.
Sólo dos brazos más ganados para esta causa por medio de su libro,
habrán justificado al autor.
Un abrazo, con mucho cariño para Don Enrique de Diego, de Mikel Larrea.