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El Manifiesto de las Clases Medias

 

 

 

 

Cuatro pilares y doce instrumentos de la rebelión de las clases medias

 

Patriotismo y clases medias

Ninguna sorpresa en el Congreso del socialismo madrileño. Cierre de filas, como adelantamos desde el programa A Fondo, y victoria completa del alcalde de Parla, Tomás Gómez, con el voto a favor de 713 de los 834 delegados, el 91.18% del total. Ninguno de los posibles candidatos alternativos consiguió los avales necesarios y, por tanto, en términos estratégicos, el dato más relevante es el fin del guerrismo en Madrid, la derrota completa de José Acosta.

Tomás Gómez, el nuevo secretario general del partido socialista madrileño, ha hecho las consabidas reclamaciones a pisar la calle y una que, en boca de un socialista, no deja ser curiosa, porque ha pedido que se tenga en cuenta el mérito a la hora de buscar candidatos. Después de ser los adalides de la paridad parecen darse cuenta de que no es otra cosa que una clara pendiente hacia la mediocridad. Mediocres ellos y mediocres ellas, puestos uno detrás de otra, y viceversa.

En su despedida, Cristina Narbona y la Gestora entregaron un documento ideológico, en el que hay algunas cuestiones curiosas. Dos de enjundia. Que los socialistas madrileños tienen que hablar más de España. “Hablar de Madrid con voz propia, pero también hablar de España en Madrid y desde Madrid a toda España”. Bienvenidos a esto del patriotismo. ¿Habremos de recordar los insultos y las descalificaciones por amar la bandera y lo que representa, por sacarla a la calle? ¿Habremos de recordar los insultos y las descalificaciones por poner y escuchar con unción nuestro himno? ¿Habrá que recordar como los socialistas se avergüenzan de los signos y símbolos que manifiestan el amor a la Patria? Bienvenidos, al patriotismo. Pero claro no es cuestión de hablar de España en Madrid y no hacerlo en Cataluña y en el País Vasco. No se puede hablar de España en Madrid y contra España en Cataluña y en el País Vasco. Hay que hablar de España en toda España. Lo demás es mentira y manipulación y los madrileños no se dejarían engañar.

También ha dicho la gestora que los socialistas madrileños “han de extender el proyecto a las clases medias”. Reflexión, como es notorio, que me resulta de sumo interés. Harto difícil que el socialismo haga eso, porque se ha convertido en la representación comercial de la expoliación de las clases medias, porque se dirige a grupos minoritarios organizados hacia los que trasvasa los fondos públicos que extrae de la confiscación de las clases medias. El PSOE promueve el parasitismo fiscal y se dedica a la compraventa de votos con el dinero de las clases medias. En ese sentido, se ha situado como su enemigo. No entiendo cómo va a extender el socialismo hacia unas clases medias a las que depreda.

Y el PP, ¿es el partido de las clases medias? A ratos.

Enrique de Diego

 

 

Liberalismo de combate 

 

Asisto con sorprendida estupefacción al surgimiento de una especie de liberalismo a la violeta, en el que, mientras los gurús se mueven con soltura en el proceloso mundo de las concesiones administrativas, y negocian publicidad institucional, sus discípulos proclaman su anarcocapitalismo y exhiben a Ayn Ran como bandera. Desde tales ámbitos de liberalismo egipcio, se ha cuestionado "El manifiesto de las clases medias" por la supuesta utilización de terminología marxiana, por lo de 'clases medias'. El concepto de clase no es marxista, sino de uso corriente en el siglo XIX. Lo que es marxista es concederle un carácter esencialista y holístico. Es decir, la definición de la identidad de un colectivo que ha de obedecer a una ley histórica. Para utilizar un término que describa una serie de regularidades comunes pero no un colectivo he utilizado clases medias en plural. Y a propósito he evitado el concepto de explotación, que hace referencia en el marxismo a la supuesta plusvalía enajenada, para usar el de expoliación, que es lo que sufren los ciudadanos de rentas medias, a los que abusiva y confiscatoriamente se quita, de manera injusta, lo suyo propio, lo que honradamente han ganado. Para evitar debates de salón -algún hooligan del liberalismo a la violeta para epatar al burgués ha exaltado el turismo sexual, incluso con menores, como fuente de divisas para el tercer mundo- la mejor contestación de lo apropiado de la tesis de 'El manifiesto de las clases medias' y de la necesidad de una rebelión, está en el siguiente mensaje, enviado desde Venezuela, colgado como comentario a un extracto de 'El manifiesto':

"Al leer este extracto, he sentido una especie de carga eléctrica recorriendo mi columna. Venezuela padece, paso a paso, el avance de la vieja y maquiavélica receta comunista, exactamente en la forma que Enrique Diego magistralmente lo señala. Nuestros peores temores sobre el socialismo encuentran en este trabajo una confirmación. La sociedad venezolana (la democracia más estable y duradera de suramericana) vive sus últimos días de libertad, la clase media vapuleada y amedrentada realiza sus últimos y estertóreos esfuerzos por librarse de un régimen que se pretende vitalicio. La iniciativa privada, la propiedad, la educación de nuestros hijos, las empresas "estratégicas" estan siendo tomadas. La producción no petrolera y el aparato productivo privado se le ha torcido el pescuezo y quebrado el espinazo. Millones de personas, educadas, preparadas, emprendedoras y exitosas enfrentan el sometimiento (y el apartheid del siglo 21 derivado de la informática) o el autoexilio. Triste realidad. ¿Quien reza una oración por nosotros? Somos aún la misma sociedad que recibió a todos los perseguidos politicos de innumerables paises durante decenas de años y ayudó a que se sintieran como en casa. La clase media venezolana hoy grita UN CLARO, FUERTE Y GLOBAL S.O.S !!! ". Reconozco que este mensaje me ha causado un fuerte impacto. No estamos haciendo lo suficiente para combatir el camino hacia el totalitarismo en Venezuela. Y, al tiempo, no somos conscientes de que ese peligro no resulta tan lejano, porque esa mentalidad confiscatoria se perpetra, entre nosotros, cada día y se exhibe con impúdica arrogancia en las campañas electorales. Es preciso abandonar el liberalismo como coartada o como ejercicio intelectual de erudición, citando a los ancestros, cual si se tratara de un museo. El liberalismo ha de recuperar su entraña combativa, su disposición regeneradora, su espíritu de rebeldía, para salvar una civilización que se tambalea. Otrosí: Ante la amable y numerosa acogida a la firma de ejemplares de '"El manifiesto de las clases medias', el pasado sábado, la distribuidora SGEL me ha pedido que repita. Así que estaré de nuevo el próximo domingo, de 12 a 2, en la caseta 19 de la Feria del Libro de Madrid. Enrique de Diego

 

La expropiación de la virtud

 

Entresaco del correo de un oyente, Juan Antonio Ruiz, las siguientes reflexiones, que luego pasaré a comentar: "Me parecen interesantes sus ideas sobre el problema de las clases medias y su expoliación, porque por desgracia experimentamos lo que usted dice. Es cierto, compañeros que hicieron algo extra, cobraron menos que yo sin trabajar al pasar de tabla en el IRPF. Con lo cual usted mismo puede imaginar que incentivo. Y cuando quieren hacer ese extra no es por ánimo e lucro si no por sacar delante su familia pues, ya sabe usted como está la vida. El otro modo es no teniendo hijos. Este aspecto en época bíblica lo tenían claro. Una descendencia numerosa era garantía de supervivencia. En fin para muestra esta Europa. De todos modos, no comparto su grado de liberalismo pues, como católico, creo en el pecado original. Fruto de este siempre se dará el egoísmo y por tanto será necesario un equilibrio de poderes al modo de un sistema democrático que controlé los excesos de éste. La prueba está en los comienzos de la revolución industrial. Esta reflexión me permite deducir que un sistema liberal prospero siempre irá unido a unos valores como por ejemplo los cristianos u otras religiones que tengan valores análogos como puede ser el judaísmo. Si los hombres se guían por sus principios y obran el bien, menos necesario será el Estado. Por desgracia, sigue siéndolo hoy. Aunque estoy con usted en que estamos padeciendo un exceso de regulación, sobre todo por gobiernos de izquierdas, los cuales siempre encuentran esta solución a cualquier cuestión. Hacer más y más leyes y regulaciones que encorsetan nuestra vida. Si quieres montar un negocio, hay tal volumen de requisitos, con su consiguiente gasto económico, que desincentivan la iniciativa".

Alguna de las reflexiones parece asumir la habitual antinomia entre ética y eficacia. Tal cosa no existe: la ética no puede ser ineficaz. Es decir, la desincentivación mediante la regulación o mediante la presión fiscal (ese absurdo criterio de penalizar a quien tiene dos trabajos o busca una retribución adicional) es simplemente injusta y, por tanto, contraria a la ética. Aunque no conviene perderse en palabras, el liberalismo tiene, en mi opinión, una completa fundamentación en la ética judeo-cristiana y su defensa de los derechos personales -vida, libertad, propiedad- no se entiende sin una concepción iusnaturalista. Anduvo acertado Adam Smith con su metáfora de la mano invisible y con su paradigma del carnicero que nos atiende por su interés, pero el escocés no pudo controlar las interpretaciones y manipulaciones a las que daría lugar. El carnicero no es una persona egoísta sino generosa que trata de sacar adelante su familia y conseguir lo mejor para los suyos. Aunque ya lo he dicho no hay contradicción entre el cristianismo y el liberalismo. Me remito a la Encíclica Centesimus Annus de Juan Pablo II que es tan cristiana como liberal. Juan Antonio introduce, sin embargo, al Estado como una especie de ente neutral, moderador y generoso. Vaya por delante que el Estado, desde la Kulturkampf de la Prusia de Bismarck, viene intentando sistemáticamente suplantar a la Iglesia, como principal institución de la sociedad civil y como defensora de los derechos personales. El llamado Estado de bienestar es, entre otras cosas, tratar de reducir a la Iglesia al ámbito puramente privado. Pero es que ese Estado intervencionista y opresor no es una entidad abstracta ni neutra, sino un sistema de expoliación y un foco de continua ineficacia. Muchas personas son generosas y les gustaría ejercer la caridad -una bellísima palabra que ha sido proscrita por esa patente de corso de la solidaridad- pero el Estado lo peor que les hace es expropiarles la virtud. No pueden ser virtuosas, porque el Estado les trata como seres egoístas a los que hay que depredar para generar agencias estatales que -es sencillo de entender- tendrán todo el interés en que el problema no se resuelva sino que se agrave, para aumentar presupuesto y funcionariado. Uno de los efectos más terribles de la depredación estatal de las clases medias que describo en 'El manifiesto de las clases medias' es la caída de la natalidad. Hay que sostener a tantas manos muertas que las clases medias no pueden tener hijos y están en riesgo de extinción. Enrique de Diego

 

Una amplia corriente de responsabilidades

The Smoker ha publicado en http://11m.fondodocumental.com/a/viewtopic.php?p=66263#66263

 Su reflexión tras la lectura de 'El manifiesto de las clases medias'. The Smoker es uno de los principales impulsores del movimiento de los Peones negros y actualmente está en los peonesnegroslibres.

"He tardado 15 días en conseguirlo y hora y media leerlo. Noventa y tres páginas de letra "gorda". No hay una sola página politicamente correcta, ¡a Dios gracias!. No es propiamente un libro, su aspecto asemeja una "novelucha" de Marcial Lafuente Estefanía, ni siquiera es, a mi juicio, un manifiesto.... como tal. El aspecto no revela ni advierte de la importancia de su contenido. Es un borbotón de lucidez que contiene la mejor descripción de la situación actual en lo que conocemos como occidente y en especial de España. Es el diagnostico y su tratamiento. Es una semilla ideológica de libertad, que de prender en la sociedad adoctrinada, supondrá un antes y un después en la historia de la humanidad. El diagnostico es tan obvio que escandalizará al lector. No se salva nadie, ni la prensa, los sindicatos o los empresarios, los catedráticos y profesores, titiriteros y cantantes.... nadie. Y es porque todos, cada uno de los ciudadanos, en nuestros ámbitos pequeñitos de influencia, somos los culpables últimos de la situación actual y por lo tanto debemos ser los responsables de su solución. Responsabilizarnos de ella.

Tal vez no sirva para nada... tal vez sea solo un espejismo de cordura en una sociedad agonizante. "La mejoría del muerto" llaman a la aparente mejoría que sufren algunos enfermos terminales el día antes de fallecer.... pero también, solo tal vez, empiecen a crecerle hojas a esa semilla en forma de librucho, que para mi debería haberse titulado "La Semilla de la Libertad" y que además debería haberse cincelado sobre laminas de oro para que perdure tras la catástrofe y los habitantes futuros del planeta sepan que desaparecimos a pesar de conocer nuestro mal y su solución.

Un consejo, si no estás dispuesto a asumir tu responsabilidad, no lo leas".

Por muchos motivos, y por el respeto que me merece la persona, aunque es notorio para algunos que en cuestiones importantes no hemos coincidido, este comentario me ha resultado extraordinariamente gratificante. Mi respuesta ha sido: "Te agradezco muchísimo tu espléndido comentario. Me gustaría decir que es exagerado, pero has clavado mi intención y has dado con la palabra justa: responsabilidad. Lo he escrito por responsabilidad, lo he publicado por responsabilidad y pretende generar una corriente amplia de responsabilidades. Un fuerte abrazo"

Enrique de Diego

 

Respuesta a Mikel Larrea

 

Querido Don Mikel, es Vd. un provocador. Es más, es Vd. un liberal. Copio el inicio de su reflexión a propósito de ‘El manifiesto de las clases medias’, que supera el marco de una crítica al uso, para abrir un número considerable de debates. Dialogar, en el mejor sentido del término, como búsqueda común de la verdad, lejos de la acepción actual de coartada relativista, es una pasión que comparto con Chesterton (hay veces que las comparaciones no son odiosas sino halagadoras).

Acierta de pleno al intuir que ‘El manifiesto de las clases medias’ es un libro para la acción. Trata de promover un amplio movimiento ciudadano y no pretendo que el texto sea mero diagnóstico sino propuesta de cambio, que no ha de gustar a esa patente de parasitismo que es la izquierda, ni a los acomodaticios conservadores.

Habla usted del nacimiento del cristianismo, “y sus beneficiosos efectos en la renovación del ser humano, producto de las más bajas clases del antiguo Imperio romano”. El cristianismo es universalista, pues la redención en la Cruz es universal y –si me permite el palabro postmoderno- transversal, absolutamente transversal. El liberalismo no se entendería sin la intrínseca individualidad cristiana, pues la salvación es personal, ni sin la concepción de la dignidad humana que se extrae del hombre como creatura, hecho a imagen y semejanza de Dios.

Mas, saliéndome de doctrinas tardomarxistas, en realidad la familia de Nazaret vivía del trabajo artesano y los apóstoles eran pescadores, propietarios de sus barcas y aparejos. Sólo Mateo era dueño de una considerable fortuna, y tenido por pecador como recaudador de impuestos.

Sitúa la revolución francesa como un movimiento iniciado “por las clases medias” y que “tuvo episodios horrorosos bajo los jacobinos más extremos”. Tremenda requisitoria, toda vez que la guillotina es la precursora de las cámaras de gas y la revolución francesa, de los totalitarismos modernos. La historiografía, con François Furet, ha terminado considerando diversas etapas en ese proceso histórico, diferenciando entre la voluntad reformista de los Estados Generales convocados por Luis XVI y el desbordamiento revolucionario de los sans coulottes. Sigo a Alexis de Tocqueville si achaco el baño de sangre a los philosophes, a los intelectuales. Es decir, a una casta que, como dijo Tocqueville, sin ninguna experiencia política se dedicaron a la estricta ingeniería social, haciendo de carniceros y envenenando a las masas. Un esquema muy similar al que ha ido siguiendo el socialismo en las tres etapas que describo en ‘El manifiesto de las clases medias’. La revolución burguesa propiamente dicha es la de Luis Felipe de Orleáns, mucho menos cruenta.

En mi caso, no aspiro a que la izquierda cambie o “se ponga a defender valores realmente progresistas”, porque la izquierda no es otra cosa que un sistema de depredación para vivir a costa de los demás, exhibiendo, como patente de corso, una supuesta superioridad moral.

Una de las tesis fundamentales de ‘El manifiesto de las clases medias’ es que el socialismo ha muerto como ideología pero está más vivo que nunca como coalición de intereses, como alianza de manos muertas. Está supervivencia del interés cuando la ideología ha muerto no había sido diagnosticado hasta ahora, y es una de las aportaciones del libro de las que me siento más orgulloso. El aparente milagro laico de la neoredistribución de la riqueza, por la que se quita a los pobres para dárselo a los ricos y a los ociosos, se ha conseguido ofreciendo a más sectores minoritarios su instalación en los presupuestos (es decir, beneficiándose del hurto legal) y manteniendo al tiempo los enemigos: Estados Unidos, la Iglesia Católica, la libertad de empresa o capitalismo, la existencia de valores universales, la democracia burguesa, la civilización occidental, en suma.

‘El manifiesto de las clases medias’ es un libro muy sintetizado, para permitir una lectura rápida a gente ocupada, que puede acabarlo en un par de viajes en transporte urbano o en un fin de semana. Hay cuestiones, obviamente, que no son tratados como “la regeneración moral y la necesidad de una inmersión masiva en valores”. Aunque la “oda a la libertad”, como usted define el libro, implica, por de pronto, una buena parte de esa inmersión que –comparto- es urgente y necesaria. La cuestión es que a día de hoy los valores son desacreditados y se intenta su marginación mediante un marco que hace muy difícil, incluso heroica, su floración: estatalización de la enseñanza, control de la cultura mediante las subvenciones y del periodismo a través de las concesiones administrativas, por ejemplo. Añádase, en España, la nefanda ley electoral, que entrega el poder a las minorías, la ausencia de división de poderes y de cauces de participación de la sociedad civil en la vida pública.

Es decir, o se cambia el marco o la virtud queda restringida al ámbito de lo privado.

Voy a hablar más claro, de virtudes y de religión. Europa, la parte más enferma de la civilización occidental, necesita al cristianismo o no sobrevivirá. No lo hará como ámbito de libertad. No hay sociedad que sobreviva sin ley natural, como ya nos enseñó Antígona reclamando la ley de los dioses anterior a la de los poderes de la tierra, a la del tirano. El primer derecho absoluto es el de la vida y los ataques en Occidente son constantes: el aborto, la eutanasia y la manipulación genética, con la que algunos se empeñan en jugar a los dados con algo tan intocable como el origen de la vida.

Es fácil percibir como los enemigos del derecho a la vida a la postre lo son del conjunto de la civilización occidental y como no defender la ley natural nos conduce a una decadencia, de la que no nos salva ni un estético pragmatismo.

No sólo ley natural, también cristianismo, como antropología o como esa filosofía cristiana de la que hablaba Erasmo de Rótterdam. La relación con Dios es el primer y último reducto de dignidad frente a la arbitrariedad del poder y, en su sentido chestertoniano, lo que nos evita caer en la tosca superstición del culto a la personalidad, de creer en cualquier cosa, o en cualquier semejante. El odio a la religión se aviene con la aversión a la civilización occidental, porque el cristianismo no es uno de sus pilares, sino el pilar fundamental, la piedra maestra.

Desde hace dos siglos el Estado viene exigiendo adoración y tratando de suplantar a la Iglesia sin que la Iglesia –que somos todos- plante cara. Más sociedad civil implica más Iglesia, pues la Iglesia católica es la gran institución de la sociedad civil. Vuelvo a Tocqueville cuando profetizaba un tiempo en el que los hombres de la libertad y los hombres de la religión caminaran juntos, se fundieran. Ese tiempo ha llegado. Es cuestión de supervivencia. Entre las expropiaciones, la peor es la de la virtud que cada día se perpetra.

Comparto su apreciación de que “la mediocridad ya no se esconde”. En efecto, todo este mundo pseudocultural que nos anuncia tiempos mejores si nos dejamos, al tiempo, depredar e insultar, cada día es más agresivamente romo. Y, en ese sentido, en efecto, Zapatero no es la causa de nuestros males sino su efecto. La pregunta correcta es en qué hemos fallado, qué desvaríos de orientación debemos corregir para evitar que alguien como Zapatero vuelva a acceder al poder, a representarnos.

En ese sentido, ‘El manifiesto de las clases medias’ no es un libro que considere que no hay soluciones, sino todo lo contrario, y las ofrece; ni sostengo en él una estética decadentista. Por el contrario, es un grito de rebelión, la plasmación del grito de rebelión latente en muchas personas y lo que propone es pasar a la ofensiva. Las estrategias a la defensiva concluyen en retiradas que hielan el alma y es hora de cortar los suministros a los enemigos internos de la civilización occidental, a todos esos depredadores que viven a nuestra costa, a todos cuantos, con cargo a nuestro sudor, se dedican de continuo a tratar de atenazar a las buenas gentes –a las amplias clases medias- con esotéricos complejos de culpa y a fustigarlas difundiendo, hacia dentro de nuestras sociedades y hacia fuera, el odio hacia ellas.

 

Con mucho cariño para Don Mikel Larrea, de Enrique de Diego.

 

 

Cuatro preguntas a Enrique de Diego sobre ‘El manifiesto de las clases medias’

 

-         ¿Por qué es necesario un manifiesto de las clases medias?

-         Las clases medias están siendo depredadas. En buena medida, el sistema se ha establecido sobre esa base. Entre cuatro y seis meses del año se trabaja para el Estado. Esos fondos encima son transferidos, muchas veces, a gentes que se dedican a denigrar a las clases medias y a sus valores. Además, sus hijos, los mileuristas están siendo sacrificados.

 

-         Usted sitúa al socialismo como una fórmula de expoliación.

Ha pasado por tres etapas. Primero, la propuesta lisa y llana de exterminio de las clases medias. Luego, el chantaje: os vamos a expoliar porque si no vienen los comunistas y os exterminan. Ahora, se ha producido una especie de sublimación según la cual todo el mundo de la cultura y básicamente el de la educación han de estar bajo control estatal, a pesar de su ineficiencia. Y han entrado las ONGs. Ahora se trata de buscarse una coartada moral y disponerse a vivir del cuento, de los demás, de las laboriosas clases medias.

 

-         Califica la redistribución de la riqueza como un hurto legal.

-         Se ha llegado al absurdo de que se quita a quien no tiene para dárselo a los multimillonarios. Una parte de nuestro dinero va a los Almodóvar y a los Bardem, que no lo necesita. Quien pueda valerse por sí mismo no ha de aspirar a vivir de los demás.

 

-         ¿Cuál es el objetivo de El Manifiesto de las clases medias?

-         Generar un amplio movimiento ciudadano regeneracionista. La publicación del libro implica un salto adelante en la etapa actual de concienciación y difusión de ideas.

 

-         Usted plantea doce propuestas en un programa de cambio. ¿Qué estamos ante una nueva utopía?

Nada de utopías. Se mueven dentro de lo posible. Lo que no es posible es lo actual, que se basa en consumir energías sociales y en esquilmar a las gentes y a los sectores productivos.

 

 

 

 

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Última modificación: 01 de settembre de 2007