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El Manifiesto de las Clases Medias

 

 

 

Emergencia nacional

Convocaremos manifestación para reclamar la aplicación del artículo 155

A pesar del momento embrionario en el que se encuentra la Plataforma de las Clases Medias, me dirijo a todos vosotros para anunciaros que emprenderemos todas las acciones necesarias, jurídicas y de movilización, para plantar cara al reto gravísimo del felón Ibarretxe. Entre esas acciones, o solos o con otros grupos ciudadanos, convocaremos, una manifestación para pedir la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Reproduzco a continuación el editorial de hoy del programa A Fondo:
Queridos compatriotas: La Patria, nuestra querida España está en peligro. Estamos en una situación de emergencia nacional. Ibarretxe se ha situado fuera de la Ley y, de hecho, ha proclamado la independencia de una parte del territorio nacional, arrogándose unas competencias que no le corresponden y que le hacen entrar en el delito de traición. Este reto gravísimo al Estado de Derecho nos interpela y nos implica a todos y cada uno de nosotros, porque nos pretende arrebatar la soberanía nacional y la libertad.
Ibarretxe ha atravesado el Rubicón de la secesión y se ha situado fuera de la Ley, poniendo todo el edificio institucional de la democracia española patas arriba. La convocatoria de un referéndum para la separación, qué el fija unilateralmente para el 25 de octubre de 2008, es un desafuero completo, un acto de soberanía plena que representa una inhabilitación de la Jefatura del Estado –a quien corresponde, en lo formal, tal competencia- y, lo que es más grave, a la soberanía nacional, porque tal cosa como un supuesto derecho a la secesión no existe. Convocando el referéndum, de hecho, Ibarretxe ha proclamado la independencia de una parte del territorio español. En propiedad, debería ser detenido de inmediato y puesto a disposición de la Justicia.
Aviso para navegantes, para incautos, para buenistas y para desinformados: esa consulta no puede celebrarse, ni tan siquiera podría convocarse. No es admisible un debate sobre hipotéticos resultados, porque la soberanía ya ha sido ejercida y no queda otra respuesta al Estado de Derecho que la suspensión de la autonomía vasca y la depuración de responsabilidades penales.
Ibarretxe se ha saltado a la torera la Constitución y el Estatuto de Autonomía, cuya legitimidad, de ambos textos, proviene de la nación preexistente. El artículo 2 de la Constitución de 1978 fija sin sombra de duda que “la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”.
El artículo 62 establece con claridad que es prerrogativa regia “convocar a referéndum”, añadiendo que “en los casos previstos en la Constitución”. Para que se entienda, el rey carece de prerrogativa para convocar un referéndum que cuestione la unidad nacional. Mucho menos, por supuesto, el presidente del gobierno autónomo vasco.
Al Gobierno no le queda otra opción que poner en marcha el mecanismo previsto en el artículo 155 de la Constitución y proceder a la suspensión de la autonomía vasca. Dice el citado artículo que “si una comunidad autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación de mayoría absoluta del Senado, podrá optar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.
No tengo la menor duda de que presuntamente Ibarretxe está incurso en el delito de traición.
Para el caso de que nadie estuviera a la altura de las circunstancias, de que el Gobierno se volviera loco y el Estado de Derecho se inhibiera de manera torticera, la Constitución de 1978 contempla un último recurso en el artículo 8, pues indica que “las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.
Ibarretxe amenaza de manera directa la soberanía e independencia de España, su integridad territorial y, por supuesto, el ordenamiento constitucional.
La fijación de una fecha ulterior no debe llevar a nadie a engaño, como si se tratara de una gravísima cuenta atrás, el reto al Estado y a la unidad nacional se ha producido ya. Se trata de una convocatoria secesionista en toda regla, de una proclama de independencia. Ibarretxe, por su cuenta y riesgo, ha dejado en suspenso la Constitución y se ha convertido en una amenaza para la libertad personal de todos y cada uno.
Este gravísimo y delictivo reto no sólo se dirige contra la Jefatura del Estado, contra el Gobierno de España, contra las Cámaras parlamentarias, sino directamente contra lo más básico y fundamental: la soberanía nacional. Los ciudadanos han de asumir su propia responsabilidad, sin delegaciones, pues a ellos a los que se interpela. Han de situarse en estado de alerta y movilizarse para exigir que el imperio de la Ley sea respetado, con todas sus consecuencias.
Enrique de Diego

 

 

Clases medias y liberalismo patriótico

 

   En primer lugar, quiero agradecer a Radikales libres su espléndida reseña y la difusión de los doce puntos de ‘El manifiesto de las clases medias’. He seguido con sumo interés el debate que ha provocado, de gran nivel. Antes que nada quiero confirmar que, en efecto, me huelen los pies.

   Voy a responder a algunas de las inquietudes y asumir algunas de las propuestas que se han planteado.

   No he considerado necesario hacer una referencia explícita a la Iglesia Católica pero tanto del punto 4 como del 5 se deduce con facilidad que soy partidario de la autofinanciación de la Iglesia católica y de cualquier otra confesión religiosa. En esta cuestión, como en otras, no descarto –aunque en el libro no se hace mención- fórmulas de desgravación fiscal a las donaciones.

   Por supuesto, me refiero a déficit cero en el punto 7, siguiendo la propuesta de la public choice de James Buchanan. La razón de justicia estriba en que no se pueden dilapidar los fondos de las generaciones futuras.

   Entiendo que el libro va a recibir epítetos del tipo de utópico, pero lo que percibo como utopía, como imposible, es el sistema actual de depredación de las clases medias, que lleva a su extinción, como preanuncian los mileuristas. Sin embargo, el argumento de que los políticos no se recortarán poder no invalida nada, porque ‘El manifiesto de las clases medias’ no sólo parte de ello, sino que pretende generalizar ese convencimiento. De hecho, lo que pretende ‘El manifiesto’ es promover un amplio movimiento ciudadano cuya finalidad sea regenerar la democracia y limitar drásticamente el poder que los políticos tienen sobre nuestras vidas y nuestras haciendas. ‘El manifiesto de las clases medias’ no quiere quedarse en un debate retórico, sino que es un libro de acción y de combate. Luego explicaré más detenidamente esta cuestión.

   En cuanto a las nuevas propuestas que propone Caba, estoy básicamente de acuerdo, con matices, con todas ellas: supresión del salario mínimo, supresión de los aranceles, privatización del sistema de pensiones, privatización de las Cajas de Ahorro, IVA único (no sé por qué tiene que existir el IVA), supresión del impuesto de patrimonio, liberalización del suelo... Con mis propuestas no he pretendido ser exhaustivo, sino plantear las que representan cortar el nudo gordiano de la expoliación. Se trata de suprimir los suministros al intervencionismo y a las castas que depredan a las clases medias, al tiempo que las insultan y tratan de demoler los pilares de la civilización occidental.

   Hay referencias a políticos, en el sentido de que no las han llevado a cabo, que se mueven en una dialéctica de fulanismos y a esa perversa mentalidad de trinchera que han provocado las listas cerradas y bloqueadas. La regeneración no la harán los políticos profesionales sino un amplio movimiento ciudadano. En cuanto al riesgo de que éste degenere en más de lo mismo es, sin duda, un riesgo, pero hay que asumirlo e intentar superarlo. Aún no estamos en esa etapa.

   No veo relación, la verdad, entre eliminar las ayudas a la pesca y el control del Estado sobre las cuotas. El Estado puede tener funciones de inspección y legitimidad para poner cuotas de pesca, al margen de otras soluciones teóricas como la privatización de los mares.

   Me han parecido muy interesantes las aportaciones al punto 12 de eliminación de las concesiones administrativas en el ámbito de los medios de comunicación; sistema tan lesivo a la libertad de expresión y tan dado a fórmulas que se acercan al tráfico de influencias. La técnica, a través de los satélites, permite mucha más liberalización y soy partidario, en todo caso, de subastas. Obviamente, en una subasta no se pone precio. Eso generaría derechos de propiedad definitivos y no habría opción a medidas como la tomada en Venezuela contra Radio Caracas Televisión.

   Por supuesto, en torno a la liberalización del suelo, el progreso se inició cuando alguien roturó un campo y lo cultivó como suyo. La liberalización del suelo permitiría reducir los precios de las viviendas, entre otras cosas porque impediría la abrumadora corrupción generalizada de todos los partidos en el ámbito local.

   Me parece osada la descalificación del libro que hace uno de los debatientes, basada sólo en el título. Tampoco me parece muy lógico que utilizando yo clases medias en plural, decida singularizar el concepto y lo termine identificando con el esencialismo marxista. Y mucho menos que después de descalificarme por usar esa terminología abuse de ella en un recorrido por la historia reciente española, interpretada precisamente en clave de clase. Tocar de oído no es buena cosa.

   Espero ese prometido ‘Manifiesto de la nación española’ y me congratulo de haber abierto la espita de los manifiestos. Dice que su enfoque coincide en parte “con el de FJL y Vidal”. Desconozco, la verdad, en qué consiste ese enfoque, aunque los citados tengan poder mediático, ignoro cuál es su discurso y su proyecto de solución, salvo su personal instalación en el sistema.

   ‘El manifiesto de las clases medias’ no sólo no entraría en contradicción con ese supuesto manifiesto de la nación española, sino que, en buena medida, lo engloba, pues una de sus finalidades es la salvación de la unidad nacional. Mi buen amigo Guillermo Rocafort, profesor de Economía y escritor, ha conceptualizado mi propuesta como liberalismo patriótico. Reconozco que a día de hoy estoy cansado de la inoperancia del liberalismo a la violeta y de los debates circulares, de gente muy estrecha que elimina todo espíritu crítico respecto a sus gurús metidos de hoz y coz en la fórmula de las concesiones administrativas. Me sorprende que las vaya tan bien a los salvadores de la Patria mientras a ésta le va tan mal.

   En suma, ‘El manifiesto de las clases medias’ no pretende generar un debate de cenáculo, sino mover a la acción y promoverla de manera organizada. Es decir, no me importa el tipo de debate sobre si es más o menos liberal. En el movimiento ciudadano participarán gentes de diferentes ideas, aunque la base de su regeneración sea liberal, pero sin perdernos en etiquetas ni en anatemas de escuela.

   Por lo demás, para la tranquilidad de algunos, el concepto de clase no es un invento de Marx sino que es anterior y muy presente en la sociología alemana. Max Weber lo utiliza relacionado con estamentos. Ferguson describía con ese concepto a personas diferenciadas por sus ocupaciones. La literatura sociológica utiliza con frecuencia clanes, castas, estamentos y clases. El español Jaime Balmes usaba igualmente esa terminología. Lo hace Ralph Dahrendorf. Adam Smith indicaba que había “tres diferentes órdenes de personas: aquellos que viven de las rentas, aquellos que viven del salario y los que viven de los beneficios del capital”. Bien, Adam Smith no era marxista, aunque algunos arrojados liberales del momento lo consideren poco menos que socialista.

   Explico suficientemente en ‘El manifiesto de las clases medias’ en qué sentido utilizo esa terminología y, como en las películas, no se trata de desvelar la trama. Al fin y al cabo, tiene 84 páginas y cuesta 8 euros, con lo que está al alcance de cualquier fortuna y de gentes ocupadas. En el lenguaje utilizamos de continuo palabras abstractas. Nación, lo es. No sé es hitleriano por utilizar nación aunque Hitler utilizar el término. Sí se es hitleriano si se usa con un contenido identitario o dentro de la corriente conocida como ‘estado nacional’, iniciada por Fichte y desarrollada por Hegel. Sin duda, el nacionalismo sin sociedad abierta, sin ley natural, deviene en fascismo, bien alejado del patriotismo que identifica la nación con la libertad personal. Mercado es una palabra abstracta que describe la realidad de la utilización de la libertad personal mediante la ley de la oferta y la demanda sin interferencias estatales.

   Utilizo clases medias en plural y, por tanto, no tengo que dar explicaciones sobre el singular del término. Y lo utilizo porque está acuñado y resulta comprensible. Lo hago de una manera meramente descriptiva y no esencialista, como una serie de personas que tienen regularidades comunes: vivir de su propio esfuerzo y, al tiempo, ahora, ser expoliadas. En ningún caso como un colectivo que tenga vida propia o que sea distinto o algo más a la yuxtaposición de los individuos. Recomendaba Karl Popper no perderse en debates verbales y es el caso. Porque, insisto, ha pasado el tiempo de los debates de salón, para pasar a la acción. No se trata de debatir hasta dónde llegan o no las subvenciones, sino establecer el principio de que no permitiremos que nos sigan robando, que no es legítimo –y nos vamos a oponer- a que nos lo quiten para comprar los votos de otros y para generar pequeñas aristocracias fiscales o subvencionadas.

   El futuro movimiento ciudadano que surgirá –ese es mi deseo, no soy determinista, obviamente- de ‘El manifiesto de las clases medias’ será de una transversalidad (disculpas, por el palabro) absoluta. ‘El manifiesto’ pone fin y se sustrae a las definiciones geométricas, de derecha e izquierda, para considerar a ambas dentro del consenso expoliador. Identifica ideales de libertad personal, mérito y esfuerzo, pero también intereses, en el sentido de que la democracia en su degradación prebendaria se basa en la continua ruptura del principio de igualdad de todos ante la ley y en el hurto legal que se esconde bajo la coartada de la redistribución de la riqueza, por la que se trasvasan fondos a las manos muertas. Es decir, al margen de sus adscripciones geométricas originarias, una serie de personas, de individuos, que viven de su propio esfuerzo, son igualmente depredadas.

   Llevamos mucho tiempo debatiendo. Ha llegado el momento de la acción para cambiar esta deriva suicida. Ese es el mensaje de ‘El manifiesto de las clases medias’.

Enrique de Diego

 

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Última modificación: 01 de septiembre de 2007