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El Manifiesto de las Clases Medias |
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Emergencia nacional Convocaremos manifestación para reclamar la aplicación del artículo 155 A pesar del momento embrionario en el que se encuentra la Plataforma de las Clases Medias, me dirijo a todos vosotros para anunciaros que emprenderemos todas las acciones necesarias, jurídicas y de movilización, para plantar cara al reto gravísimo del felón Ibarretxe. Entre esas acciones, o solos o con otros grupos ciudadanos, convocaremos, una manifestación para pedir la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Reproduzco a continuación el editorial de hoy del programa A Fondo: Clases medias y liberalismo patriótico En
primer lugar, quiero agradecer a Radikales libres su espléndida reseña y la
difusión de los doce puntos de ‘El manifiesto de las clases medias’. He
seguido con sumo interés el debate que ha provocado, de gran nivel. Antes que
nada quiero confirmar que, en efecto, me huelen los pies. Voy
a responder a algunas de las inquietudes y asumir algunas de las propuestas que
se han planteado. No
he considerado necesario hacer una referencia explícita a la Iglesia Católica
pero tanto del punto 4 como del 5 se deduce con facilidad que soy partidario de
la autofinanciación de la Iglesia católica y de cualquier otra confesión
religiosa. En esta cuestión, como en otras, no descarto –aunque en el libro
no se hace mención- fórmulas de desgravación fiscal a las donaciones. Por
supuesto, me refiero a déficit cero en el punto 7, siguiendo la propuesta de la
public choice de James Buchanan. La razón de justicia estriba en que no se
pueden dilapidar los fondos de las generaciones futuras. Entiendo
que el libro va a recibir epítetos del tipo de utópico, pero lo que percibo
como utopía, como imposible, es el sistema actual de depredación de las clases
medias, que lleva a su extinción, como preanuncian los mileuristas. Sin
embargo, el argumento de que los políticos no se recortarán poder no invalida
nada, porque ‘El manifiesto de las clases medias’ no sólo parte de ello,
sino que pretende generalizar ese convencimiento. De hecho, lo que pretende
‘El manifiesto’ es promover un amplio movimiento ciudadano cuya finalidad
sea regenerar la democracia y limitar drásticamente el poder que los políticos
tienen sobre nuestras vidas y nuestras haciendas. ‘El manifiesto de las clases
medias’ no quiere quedarse en un debate retórico, sino que es un libro de
acción y de combate. Luego explicaré más detenidamente esta cuestión. En
cuanto a las nuevas propuestas que propone Caba, estoy básicamente de acuerdo,
con matices, con todas ellas: supresión del salario mínimo, supresión de los
aranceles, privatización del sistema de pensiones, privatización de las Cajas
de Ahorro, IVA único (no sé por qué tiene que existir el IVA), supresión del
impuesto de patrimonio, liberalización del suelo... Con mis propuestas no he
pretendido ser exhaustivo, sino plantear las que representan cortar el nudo
gordiano de la expoliación. Se trata de suprimir los suministros al
intervencionismo y a las castas que depredan a las clases medias, al tiempo que
las insultan y tratan de demoler los pilares de la civilización occidental. Hay
referencias a políticos, en el sentido de que no las han llevado a cabo, que se
mueven en una dialéctica de fulanismos y a esa perversa mentalidad de trinchera
que han provocado las listas cerradas y bloqueadas. La regeneración no la harán
los políticos profesionales sino un amplio movimiento ciudadano. En cuanto al
riesgo de que éste degenere en más de lo mismo es, sin duda, un riesgo, pero
hay que asumirlo e intentar superarlo. Aún no estamos en esa etapa. No
veo relación, la verdad, entre eliminar las ayudas a la pesca y el control del
Estado sobre las cuotas. El Estado puede tener funciones de inspección y
legitimidad para poner cuotas de pesca, al margen de otras soluciones teóricas
como la privatización de los mares. Me
han parecido muy interesantes las aportaciones al punto 12 de eliminación de
las concesiones administrativas en el ámbito de los medios de comunicación;
sistema tan lesivo a la libertad de expresión y tan dado a fórmulas que se
acercan al tráfico de influencias. La técnica, a través de los satélites,
permite mucha más liberalización y soy partidario, en todo caso, de subastas.
Obviamente, en una subasta no se pone precio. Eso generaría derechos de
propiedad definitivos y no habría opción a medidas como la tomada en Venezuela
contra Radio Caracas Televisión. Por
supuesto, en torno a la liberalización del suelo, el progreso se inició cuando
alguien roturó un campo y lo cultivó como suyo. La liberalización del suelo
permitiría reducir los precios de las viviendas, entre otras cosas porque
impediría la abrumadora corrupción generalizada de todos los partidos en el ámbito
local. Me
parece osada la descalificación del libro que hace uno de los debatientes,
basada sólo en el título. Tampoco me parece muy lógico que utilizando yo
clases medias en plural, decida singularizar el concepto y lo termine
identificando con el esencialismo marxista. Y mucho menos que después de
descalificarme por usar esa terminología abuse de ella en un recorrido por la
historia reciente española, interpretada precisamente en clave de clase. Tocar
de oído no es buena cosa. Espero
ese prometido ‘Manifiesto de la nación española’ y me congratulo de haber
abierto la espita de los manifiestos. Dice que su enfoque coincide en parte
“con el de FJL y Vidal”. Desconozco, la verdad, en qué consiste ese
enfoque, aunque los citados tengan poder mediático, ignoro cuál es su discurso
y su proyecto de solución, salvo su personal instalación en el sistema. ‘El
manifiesto de las clases medias’ no sólo no entraría en contradicción con
ese supuesto manifiesto de la nación española, sino que, en buena medida, lo
engloba, pues una de sus finalidades es la salvación de la unidad nacional. Mi
buen amigo Guillermo Rocafort, profesor de Economía y escritor, ha
conceptualizado mi propuesta como liberalismo patriótico. Reconozco que a día
de hoy estoy cansado de la inoperancia del liberalismo a la violeta y de los
debates circulares, de gente muy estrecha que elimina todo espíritu crítico
respecto a sus gurús metidos de hoz y coz en la fórmula de las concesiones
administrativas. Me sorprende que las vaya tan bien a los salvadores de la
Patria mientras a ésta le va tan mal. En
suma, ‘El manifiesto de las clases medias’ no pretende generar un debate de
cenáculo, sino mover a la acción y promoverla de manera organizada. Es decir,
no me importa el tipo de debate sobre si es más o menos liberal. En el
movimiento ciudadano participarán gentes de diferentes ideas, aunque la base de
su regeneración sea liberal, pero sin perdernos en etiquetas ni en anatemas de
escuela. Por
lo demás, para la tranquilidad de algunos, el concepto de clase no es un
invento de Marx sino que es anterior y muy presente en la sociología alemana.
Max Weber lo utiliza relacionado con estamentos. Ferguson describía con ese
concepto a personas diferenciadas por sus ocupaciones. La literatura sociológica
utiliza con frecuencia clanes, castas, estamentos y clases. El español Jaime
Balmes usaba igualmente esa terminología. Lo hace Ralph Dahrendorf. Adam Smith
indicaba que había “tres diferentes órdenes de personas: aquellos que viven
de las rentas, aquellos que viven del salario y los que viven de los beneficios
del capital”. Bien, Adam Smith no era marxista, aunque algunos arrojados
liberales del momento lo consideren poco menos que socialista. Explico suficientemente en ‘El manifiesto de las clases medias’ en qué sentido utilizo esa terminología y, como en las películas, no se trata de desvelar la trama. Al fin y al cabo, tiene 84 páginas y cuesta 8 euros, con lo que está al alcance de cualquier fortuna y de gentes ocupadas. En el lenguaje utilizamos de continuo palabras abstractas. Nación, lo es. No sé es hitleriano por utilizar nación aunque Hitler utilizar el término. Sí se es hitleriano si se usa con un contenido identitario o dentro de la corriente conocida como ‘estado nacional’, iniciada por Fichte y desarrollada por Hegel. Sin duda, el nacionalismo sin sociedad abierta, sin ley natural, deviene en fascismo, bien alejado del patriotismo que identifica la nación con la libertad personal. Mercado es una palabra abstracta que describe la realidad de la utilización de la libertad personal mediante la ley de la oferta y la demanda sin interferencias estatales. Utilizo
clases medias en plural y, por tanto, no tengo que dar explicaciones sobre el
singular del término. Y lo utilizo porque está acuñado y resulta
comprensible. Lo hago de una manera meramente descriptiva y no esencialista,
como una serie de personas que tienen regularidades comunes: vivir de su propio
esfuerzo y, al tiempo, ahora, ser expoliadas. En ningún caso como un colectivo
que tenga vida propia o que sea distinto o algo más a la yuxtaposición de los
individuos. Recomendaba Karl Popper no perderse en debates verbales y es el
caso. Porque, insisto, ha pasado el tiempo de los debates de salón, para pasar
a la acción. No se trata de debatir hasta dónde llegan o no las subvenciones,
sino establecer el principio de que no permitiremos que nos sigan robando, que
no es legítimo –y nos vamos a oponer- a que nos lo quiten para comprar los
votos de otros y para generar pequeñas aristocracias fiscales o subvencionadas.
El
futuro movimiento ciudadano que surgirá –ese es mi deseo, no soy
determinista, obviamente- de ‘El manifiesto de las clases medias’ será de
una transversalidad (disculpas, por el palabro) absoluta. ‘El manifiesto’
pone fin y se sustrae a las definiciones geométricas, de derecha e izquierda,
para considerar a ambas dentro del consenso expoliador. Identifica ideales de
libertad personal, mérito y esfuerzo, pero también intereses, en el sentido de
que la democracia en su degradación prebendaria se basa en la continua ruptura
del principio de igualdad de todos ante la ley y en el hurto legal que se
esconde bajo la coartada de la redistribución de la riqueza, por la que se
trasvasan fondos a las manos muertas. Es decir, al margen de sus adscripciones
geométricas originarias, una serie de personas, de individuos, que viven de su
propio esfuerzo, son igualmente depredadas. Llevamos
mucho tiempo debatiendo. Ha llegado el momento de la acción para cambiar esta
deriva suicida. Ese es el mensaje de ‘El manifiesto de las clases medias’.
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